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La literatura, como las personas, difícilmente puede ser la misma después de una guerra. Las implicaciones a nivel individual y colectivo son vastas y sobrevienen al paso del tiempo. Circunstancias como la desaparición de un hijo, las ejecuciones múltiples o la migración forzada impactan de tal forma la existencia de un ser humano que resulta imposible sustraerse a la angustia y al dolor que provocan en el contexto de un conflicto armado prolongado.

No obstante, aún en los escenarios más violentos, la reacción creativa es impredecible. En sus momentos más ásperos produce, por supuesto, crónicas lúgubres y descarnadas, pero no pocas veces genera relatos con cierta dosis de esperanza e inclusive puede despertar el humor mordaz frente a la desgracia propia o ajena.

A todos nos falta algo reúne cuentos que retratan el país en que se ha convertido Croacia a raíz del proceso bélico que la escindió de Yugoslavia. El editor Roman Simić Bodrožić nos presenta una interesante mezcla de autores, quienes, a partir del 2000, se han encargado de reinventar el relato corto croata a la luz de la posguerra y su incorporación plena al mundo occidental.

Frente a todo episodio traumático, la evocación de los horrores es inevitable. Las historias de Neven Ušumović y del propio Roman Simić Bodrožić —en mi opinión las más destacadas del compendio— dan cuenta de las desapariciones, las familias rotas, el éxodo para escapar de la guerra (“éramos reses descuartizadas que había que pasar de contrabando”), las atrocidades que padecen los refugiados en el país destino (“nos recibían como una especie de carroña sucia”), las torturas y las mutilaciones padecidas por miles de croatas durante su guerra de independencia (1991-1995).

Por su parte, Olja Savičević Ivančević y Damir Karakaš nos recuerdan que la guerra y la persecución obligan a la simulación permanente, a disfrazar los gustos, abandonar a los seres queridos y a sacrificar los proyectos propios en aras de la supervivencia. Sus relatos describen con detalle la crudeza de vivir en la guerra, pero, sobre todo, lo insoportable que es vivir después de la guerra, cuando ésta se ha llevado un padre, un plan de vida o la dignidad de una persona.

Otros autores, en cambio, sugieren que la realidad —como la ficción— es tan misteriosa que aún en los peores momentos suelen aparecer circunstancias y personajes extraordinarios. Zoran Pilić, en un cuento estupendo, nos revela que aún nuestros enemigos más odiados pueden tener destellos inusitados de bondad y empatía. La guerra atrofia pero también sorprende; a algunas personas las hace más fuertes, mientras que a otras los hace más sensibles y, en ocasiones, ambas cosas a la vez. El gran mérito de Roman Simić Bodrožić es haber reunido una variedad de cuentos que ejemplifican las diversas reacciones —pesimistas, alegres o indiferentes— que pueden tener viejos, jóvenes, ricos y pobres frente a la violencia que todos atestiguaron.

Por último, surgen las inquietudes propias de una separación política una vez que el trance violento ha sido superado (¿se supera alguna vez el trauma de una guerra?). Ante el nacimiento de un nuevo Estado se erigen las grandes incógnitas frente a las oportunidades que brinda el proceso de reconstrucción. ¿Qué país desean habitar los jóvenes después de padecer un régimen autoritario, intolerante y temeroso del exterior? En este contexto, varios relatos del volumen describen las vicisitudes que enfrentan los croatas al ingresar a un nuevo mundo: la aparición del libre mercado (Zoran Malkoč); la celebración de la diversidad sexual (Maja Hrgović); el escape del protocolo religioso tradicional (Zoran Ferić), y la libertad para elegir dónde y con quién se compartirá el lecho (Robert Perisić).

A través de sus historias, Croacia muestra ser una nación viva y pujante. Sin embargo, los estragos de la dura violencia que sufrió durante un lustro están todavía presentes, como es entendible, en algunos de sus prejuicios, aspiraciones y, de manera particular, en sus añoranzas. Finalmente, como escribe Zoran Pilić, a toda guerra se le recuerda más por los que no volvieron. Sea en Croacia o en México, la violencia arrebata vida y es menester buscarla. Qué mejor que en la buena literatura.

Después de leer esta antología del cuento croata es imposible no hacer un paralelismo con la realidad mexicana. La exacerbada violencia (y la melancolía y la indignación y la impunidad) mostrada en algunos relatos constituye un espejo nítido del contexto que atraviesa actualmente nuestro país. Cuando Roman Simić Bodrožić escribe: “A todos nos falta algo, a algunos un padre, a otros una ciudad…”; “¿Dónde queda el lugar en el que nacieron, el lugar en el que murieron, dónde están sus historias, el esfuerzo que dejaron atrás? ¿Dónde están sus hijos?”, no resta sino contemplarnos en dicho espejo y comenzar a buscar palabras para describir lo que México está viviendo en estos tiempos.

 

Roman Simić Bodrožić (compilador), A todos nos falta algo. Antología del cuento croata, Cal y arena, 2014.