Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ganó el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero —que convoca el Consejo Regulador de la Denominación de Origen en colaboración con la Editorial Páginas de Espuma— con el libro de cuentos Siete casas vacías. En esta entrevista, la escritora argentina conversa sobre la relación entre la estética y la violencia, la elección del cuento como vehículo literario y el misterio como clave de la escritura.

Fotografía de Alejandra López.

Fotografía de Alejandra López.


Alejandro García Abreu: ¿Cómo contrastas la escritura de Pájaros en la boca con la de Siete casas vacías?

Samanta Schweblin: Mi mirada sigue atenta a lo insólito y lo anormal, pero a diferencia de Pájaros en la boca, los personajes del nuevo libro se mueven únicamente en el mundo real, cotidiano, sin ningún guiño fantástico. Creo que la sensación de extrañeza sigue estando muy presente, pero esta vez lo desconocido está en nosotros mismos, en nuestras relaciones, en nuestros intentos casi siempre torpes por comunicarnos, por ayudarnos, por entendernos.

AGA: En “Cabezas contra el asfalto” —incluido en Pájaros en la boca— el narrador cuenta cómo llegó a convertirse en un pintor muy bien remunerado a causa de su obsesión con imaginar las cabezas de la gente aplastadas contra el piso. ¿Cuál es la relación entre la estética y la violencia?

Schweblin: Es una relación interesante, la muerte nos espanta pero también nos atrae, nos alucinan sus formas. Y como hacemos con todo lo que nos fascina, construimos alrededor de la muerte historias, teorías y estéticas. Eso es lo que hacemos, ¿no? En “Cabezas contra el asfalto” —y también en La pesada valija de Benavides— me gusta pensar en esta idea —bastante horrorosa en realidad— de que siempre que haya una estética detrás, siempre que haya una intención artística, todo está perdonado.

AGA: El misterio es una de las claves de tus relatos, como “El cavador”, cuento en el que el narrador llega a una casa de verano y encuentra un pozo cavado en la propiedad del vecino y no se explica el motivo de ese pozo ni las intenciones del extraño cavador.

Schweblin: Quizá de todos mis cuentos “El cavador” sea el que más juega con esto. Me interesaba la idea de un misterio que en principio —al menos desde el punto de vista del personaje— fuera un misterio externo, casi un capricho o una locura de otro —en principio, del cavador; luego, también, del pueblo que los rodea—. Un misterio ajeno es un problema de los otros, así que el personaje se desentiende. ¿Pero qué pasa si uno descubre que ese problema que alarma tanto a todos es en realidad un problema propio, íntimo, que sólo puede ser tuyo?

AGA: En “Mi hermano Walter” —perteneciente a Pájaros en la boca— la depresión funciona como un amuleto de buena surte para una familia. Atrae la fortuna y las relaciones prósperas de quienes rodean al hermano del narrador. ¿Qué te condujo a concluir el relato con la inminencia de la fatalidad?

Schweblin: El juego de este final es que cualquier opción es una fatalidad. Si al fin Walter despierta de su depresión —que en principio sería una buena noticia— entonces se acaban la alegría y la fortuna familiar y, por otro lado, si la alegría y la fortuna familiar continúan, es gracias a que Walter sigue hundido en la depresión. Pero bueno, todas las bonanzas tienen su fin, ¿no?

AGA: ¿Quiénes son tus cuentistas predilectos?

Schweblin: Pensando en maestros contemporáneos, ahora estoy leyendo a algunas estadounidenses que encuentro realmente geniales, como Amy Hempel, Aimee Bender y Kelly Link. También me gustan mucho los cuentos del irlandés Colm Tóibín.

AGA: ¿Por qué elegiste el cuento como vehículo literario?

Schweblin: Puedo pensar en algunas razones, como la intensidad que tiene el cuento, la concentración en un único problema crítico, la precisión que requiere en cada paso. Pero la verdad es que es también una decisión bastante intuitiva. Cuando tengo una idea, es la propia idea la que exige su género, la voz o el tipo de narrador que mejor contaría su historia, y su extensión.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.